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Autor : Clara Ferrero

Cuando Laia Alentorn se hizo un bolsito para asistir a una boda, amigas y conocidas no tardaron en hacerle encargos. Tres años después sus creaciones son las favoritas de editoras e 'influencers'. Ahora presenta su primera colección de punto.

Cuando a Laia Alentorn la invitaron a una boda en 2018 se le ocurrió hacerse su propio bolso para la ocasión. Sin más pretensión que la de poder lucir una limosnera como las que había visto en las fotos de street style de las semanas de la moda y tanto le gustaban, la empresaria catalana, cuarta generación de una familia dedicada a la producción textil, aprovechó el taller familiar para crear el diseño de forma autodidacta. El éxito entre sus amigas fue tal que acabó haciendo algunas unidades más parar cubrir la inesperada demanda. “Recuerdo que colgué una foto en Instagram y una editora de moda que conocía me escribió porque quería sacar uno de mis bolsos en su revista. Ahí fue cuando me di cuenta de que de verdad gustaban. Les puse una etiqueta en la que podía leerse ‘Laia Alen’ y decidí montar una web para venderlos online”, cuenta la diseñadora a S Moda sobre el germen de sus limosneras de lentejuelas, plumas y estampados de colores.

Tres años después, sus ‘bolsitos’, como ella los llama, no han dejado de ganar popularidad convirtiéndose en una constante entre las invitadas más estilosas. Aunque lo que más halaga a Laia es “encontrarse con gente anónima que los lleva”, algo que cada vez le ocurre de forma más frecuente, personalidades con tirón en las redes sociales y el papel couché –de Sofía Palazuelo a Inés de Cominges– han asistido a bodas y eventos de postín con su Laia Alen colgado del brazo. ¿Las claves de su éxito? El carácter despreocupado pero especial de sus diseños, que huyen de la rigidez de los bolsos de fiesta convencionales a precios razonables (las limosneras rondan los 60 euros). Y también, por supuesto, la exclusividad. “A veces solo hacemos veinte unidades de un modelo porque está fabricado con una tela vintage heredada de mi abuelo y no da para más. Pero incluso cuando compramos el tejido en un proveedor intentamos no superar los sesenta o setenta, ya que la idea es que sean modelos limitados que favorezcan la renovación y la novedad”, explica.

La excepción es el modelo Bernatta, un bolso satinado tipo atillo al más puro estilo The Row, que ya se ha convertido en su best seller y que está disponible en infinitos colores. En este caso la producción es más extensa, pero sigue supeditada a la dedicación que exige la fabricación manual. “Desde la idea hasta el último detalle, todo se hace en nuestra fábrica familiar de Olot (Gerona). Somos cuatro personas en el equipo y a la hora de diseñar me guio por mi gusto personal». Siguiendo esa máxima – «si no te lo pones tú no se lo va a poner otra persona», afirma– la propia Laia está detrás de la cuenta de Instagram de la marca, un escaparate a través del cual conecta con su público y donde no es raro verla posar con sus propios diseños. «Cuando la marca lleva tu nombre es muy importante que te ocupes de toda la imagen», aconseja. «A la gente le gusta ver que detrás hay gente normal y a veces las fotos con un punto más casero funcionan mejor que las de un shooting«.

Aunque se trata de un proyecto pequeño que Laia compagina con un puesto en la empresa familiar, dedicada a la distribución en España de una conocida firma de ropa, la joven de 32 años ultima el lanzamiento de su primera colección de punto. «Mi bisabuelo tenía una marca de punto y me hace mucha ilusión retomar el legado. Es una colección de prendas hechas en España con lanas italianas para aquellas que buscan algo especial y de calidad», comenta sobre una apuesta que incluye jerséis de rayas de colores, chaquetas con estampado de pata de gallo, chalecos y suéteres con cuello cisne que estarán a la venta en su web y en Es Fascinante, el portal dedicado a la moda lenta nacional donde también triunfan sus bolsos.

 

Con el objetivo cumplido de vender internacionalmente –»lo logré hace seis meses y he tenido muy buena acogida en Italia e Inglaterra, sobre todo– y la idea de probar suerte en alguna plataforma multimarca en el horizonte, Laia se esfuerza por «recuperar la tradición textil de nuestro país, que se ha perdido porque sale más a cuenta producir en Turquía o Bangladesh». «Tanto los bolsos como los jerséis siguen un proceso de fabricación muy manual y, aunque suene a cliché, quiero que el cliente se sienta parte de ese proceso», afirma. De ahí que todo lo que rodea a su marca tenga un tono muy cercano: desde los nombres de mujer que bautizan cada uno de sus bolsitos, inspirados en amigas y conocidas, hasta la relación que establece con su comunidad en redes sociales. «Muchas clientas me escriben para pedirme consejo sobre qué bolso elegir para asistir a un evento o me mandan las fotos de su look llevándolo. Este ha sido el primer verano en el que me he empezado a encontrar con mis creaciones en bodas sin conocer de nada a la invitada y me hace mucha ilusión. Lo mejor es ver que tu trabajo gusta a la gente».

 

Written by Laia Alentorn